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Un millón de ejemplares del sexto libro de J. K. Rowling llegó a todos los
países de habla hispana el 23 de febrero, luego de una tremenda campaña
publicitaria y la excitación de unas ventas especiales en las que hubo
actos de magia y los concursos de disfraces de los personajes de la serie.
Cada
una de las ediciones tiene los modismos de las respectivas regiones:
España, Surmérica y el resto de América Latina. Cada una con tapa
dura y papel reciclado -como lo recomendó su autora, preocupada por los
daños ecológicos-, pero todas con un mismo precio, el equivalente, en las
distintas monedas, a una cifra idéntica: 20 dólares.
Según
reportan los medios impresos y televisivos, las iniciativas para atraer a
la mayor cantidad de compradores posibles tuvieron el efecto deseado en
todos los países.
En
Chile los seguidores de Potter planearon actividades inspiradas en las
tradiciones de la escuela, donde el protagonista se adiestra en la
hechicería, entre ellas clases de runas, pociones y protección contra las
artes oscuras, lecciones sobre el cuidado de "criaturas mágicas".
La
pottermanía estallando e invadiendo todos los puntos de venta imaginables,
en medio de competencias para elegir, en esta parte del mundo, al niño que
guarde más semejanza con Potter, en esta entrega un espigado joven de 15
años, alumno del sexto curso de Hogwarts.
En
Buenos Aires, segundos antes de la hora señalada, las 20.00
horas, una chillona voz colectiva comenzó la cuenta regresiva: "Diez,
nueve, ocho...", y al grito de "¡Cero!" se produjo el pandemonium. Dos
empleadas con sombreros de magas comenzaron a vender "Harry Potter y el
misterio del príncipe" (Salamandra), el sexto tomo de la serie de J. K.
Rowling. Mientras tanto, los fans del mago coreaban a voz en cuello: "¡Olé,
olé, olé, olé, Harry, Harry!".
El calor era infernal en la espaciosa librería El Ateneo-Grand Splendid.
Chicos y chicas disfrazados de Harry Potter, del monstruo de tres cabezas
Fluffy, de la periodista Rita Skeeter y otros personajes se
apretujaban para ser los primeros en tener su libro, cuya portada fue el
secreto mejor guardado de las últimas dos semanas. En parte, por una
eficaz estrategia de venta y en parte para despistar a los piratas del
mercado editorial, que en algunos países son un flagelo. Con bordes en
negro y el dibujo en color verde, el sexto volumen de Harry Potter muestra
en su portada al mago y al sabio Dumbledore en viaje.
“Vine a las 6 porque había entendido que el lanzamiento era a las 8 de la
mañana. Tuve que volver a las 17. ¡Ahora lo tengo!”, dijo contento Ramiro
Marín.
El jovencito argentino de 17 años fue el primero en hojearlo. “Me lo
regalaron mis mejores amigos porque no me alcanzaba la plata para
comprarlo. Leo muchísimo, pero antes de Harry era bastante vago”, contó,
adjudicándole a J.K. Rowling el mérito de iniciarlo en la lectura.
Ramiro no es el único tocado por la varita de la escritora británica. Su
caso se repetía de a cientos entre quienes formaban una fila de cuarenta
metros detrás suyo en la librería del kilómetro cero.
Leer por placer
Más que lectores algunos pueden adjudicarse el mote de investigadores de
la saga. Han leído minuciosamente
“La piedra filosofal”, “La cámara
secreta”, “El prisionero de Azkaban”, “El cáliz de fuego”,
y “La Orden del Fénix”,
los cinco volúmenes anteriores de la saga, cada tomo de no menos de
quinientas páginas.
Ayer, los conocimientos que sedimentaron por placer en sus mundos
imaginarios sirvieron para ponerse a prueba con otros pares conocedores
del tema.
En Yenny del Mendoza Plaza Shopping, el club de fans -tres chicos de la
edad del personaje- organizó un concurso de preguntas y respuestas con la
definición final del mejor disfrazado.
Tal era el interés que la historia había despertado que al unísono podían
responder “Marge”, por el nombre de la tía de Harry. O “la sala común” si
se les pedía que situasen una escena en la casa de los magos.
Martín Arslandi, Miguel Aredes Nadal y Silvia Genestal se conocieron
concursando. “Hemos leído todos, por eso estamos bien afilados”, decían
ilusionados por ganar un ejemplar.
En la librería del centro comercial el ambiente se había transformado. Los
más de sesenta adolescentes compartían las experiencias que habían
acumulado. La atmósfera no era la de cualquier clase de Literatura en un
2do Polimodal. Era una fiesta de la lectura con toques mágicos.
P
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